Escalada en los Mallos de Agüero, Hoya de Huesca
Los Mallos de Agüero son uno de los secretos mejor guardados de la escalada aragonesa. Paredes de conglomerado rojizo que se alzan sobre el valle del Gállego, con vías para todos los niveles y un silencio que contrasta con los más masificados Mallos de Riglos.
De un vistazo
A menos de 45 km de Huesca, los Mallos de Agüero ofrecen uno de los escenarios de escalada más singulares del Prepirineo aragonés. Estas formaciones de conglomerado rojizo del Terciario se elevan de forma abrupta sobre el pueblo, creando paredes verticales y desplomes que han atraído escaladores durante décadas, aunque sin el tráfico de sus vecinos los Mallos de Riglos. Eso es precisamente lo que los hace especiales: la tranquilidad, la sensación de tener la pared para uno mismo y las vistas sobre el valle del río Gállego y la sierra de Santo Domingo. Las vías están distribuidas en varios sectores al pie de los mallos, con recorridos que van desde la iniciación hasta niveles avanzados, con predominio de la escalada deportiva en roca compacta. El acceso desde el pueblo de Agüero es sencillo y relativamente corto a pie, y el entorno románico del municipio —con la iglesia de Santiago como referente— añade un aliciente cultural a la jornada. Una zona que merece mucho más reconocimiento del que tiene.
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Cómo realizarla
El punto de partida natural es el propio pueblo de Agüero, al que se accede desde Huesca por la A-132 en dirección a Ayerbe y luego por carretera local. Desde el aparcamiento habilitado en las afueras del pueblo, una senda corta y bien marcada asciende hacia la base de los mallos en unos 20-30 minutos. Los diferentes sectores de escalada se distribuyen a lo largo de la pared principal, que muestra su cara más imponente mirando al sur. La roca es conglomerado compacto, similar al de Riglos aunque con características propias: agujeros, regletas y algunas placas que exigen técnica variada. Las vías deportivas están equipadas con chapas y la mayoría se resuelven en uno o dos largos. Al terminar, el descenso hasta el pueblo permite acercarse a contemplar la iglesia románica de Santiago, situada en la misma falda del mallo, lo que convierte la bajada en un paseo con historia.
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Qué no te puedes perder
La iglesia románica de Santiago de Agüero, enclavada literalmente al pie de los mallos, es una de las joyas del románico aragonés y merece una parada antes o después de escalar. Las vistas desde media pared sobre el valle del Gállego y los campos del Somontano son una recompensa en sí mismas. En días claros se divisa la silueta de los Mallos de Riglos al otro lado del río, lo que permite comparar ambas formaciones desde la distancia. El propio pueblo de Agüero, con sus casas de piedra y la iglesia de El Salvador presidiendo la plaza, vale un paseo tranquilo al caer la tarde.
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Qué llevar y tener en cuenta
Calzado de escalada, arnés, cuerda de al menos 60 m y expresas suficientes para vías deportivas. Llevar agua abundante, ya que no hay fuentes en la base de los mallos. Revisar el estado de las chapas en vías menos frecuentadas y consultar topos actualizados antes de salir, ya que es una zona menos mantenida que Riglos.
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Cuándo ir
La mejor época es primavera y otoño, con temperaturas agradables y la roca seca. En verano el calor puede ser intenso en la pared orientada al sur, por lo que conviene madrugar o buscar sectores con sombra; en invierno las vías son practicables en días soleados, pero hay riesgo de humedad en la roca.
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¿Para quién es?
Ideal para escaladores con algo de experiencia que busquen tranquilidad y un entorno auténtico sin masificación. No es el lugar más adecuado para iniciarse sin acompañamiento de alguien con experiencia, dado que el mantenimiento del equipamiento es menos frecuente que en zonas más populares.
Ubicacion
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