Ibones de Aragón, Pirineo Aragonés
Lagos glaciares de alta montaña entre picos y circos pirenaicos. El silencio, el agua verde-azulada y los reflejos de las cumbres hacen de cada ibon un destino en sí mismo.
De un vistazo
Los ibones son los lagos glaciares que salpican el Pirineo aragonés, y recorrerlos es una de las experiencias más genuinas que ofrece esta montaña. Se forman en cubetas excavadas por antiguos glaciares, generalmente por encima de los 2.000 metros, y su agua adopta esos tonos verdes y azules que tanto sorprenden a quien los ve por primera vez. Uno de los más accesibles y conocidos es el conjunto de los ibones de Anayet, en el término de Sallent de Gállego, cerca de Formigal: se parte desde el Corral de las Mulas, a unos tres kilómetros del núcleo esquiador, y en poco más de hora y media se alcanza el ibon principal a 2.233 metros, con el pico Anayet presidiendo el paisaje desde sus 2.545 metros. También se puede llegar desde Candanchú remontando la Canal Roya, con unas vistas distintas pero igual de rotundas. Conviene ir preparado para el frío y el viento que pueden aparecer incluso en verano, y tener presente que estos ecosistemas son muy frágiles: el baño está desaconsejado para preservarlos. La mejor época va de julio a octubre, cuando los accesos están libres de nieve.
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Cómo realizarla
El punto de partida más habitual para los ibones de Anayet es el Corral de las Mulas, un área junto a la carretera N-260 a unos tres kilómetros de Formigal en dirección a la frontera francesa. Desde allí, una pista y luego sendero bien marcado ascienden por el valle de la Canal Roya ganando altura de forma progresiva entre prados alpinos y algún tramo pedregoso. A medida que se gana altitud, los picos que cierran el circo —Anayet, Pacino, la Mesa de los Tres Reyes en el horizonte— van ganando protagonismo. Tras unos 600 metros de desnivel positivo y algo menos de cuatro kilómetros, se alcanza el ibon principal a 2.233 metros. El agua procede del deshielo y las lluvias estivales, y drena hacia el río Canal Roya, afluente del Aragón. La vuelta se hace por el mismo camino o, para quien quiera alargar, trazando un pequeño arco por la base del Anayet antes de regresar al aparcamiento.
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Qué no te puedes perder
La cubeta del ibon principal con el reflejo del pico Anayet en días sin viento es una imagen difícil de olvidar. La zona conocida como 'La Rinconada', donde el agua de los ibones cae formando el nacimiento del río Canal Roya, merece una parada. En el ascenso desde Candanchú, la perspectiva del valle abierto hacia Francia ofrece un panorama diferente y más amplio. Y en época de deshielo, a principios de julio, el contraste entre el verde recién liberado de la nieve y los últimos neveros es especialmente llamativo.
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Qué llevar y tener en cuenta
Calzado de montaña con suela de agarre, ropa de abrigo y cortavientos aunque se salga con sol: por encima de los 2.000 metros el tiempo cambia rápido. Llevar al menos un litro y medio de agua por persona y protección solar alta. El baño en los ibones está desaconsejado: son ecosistemas muy frágiles, albergan sanguijuelas y cualquier alteración afecta al microhábitat.
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Cuándo ir
La ventana ideal va de julio a mediados de octubre, cuando los accesos están libres de nieve y el paisaje muestra su mejor cara. Antes de julio el camino puede estar nevado o encharcado, y en otoño tardío la nieve puede reaparecer sin previo aviso.
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¿Para quién es?
Ideal para senderistas con algo de experiencia en montaña y buena condición física básica, dado el desnivel de unos 600 metros. No es recomendable para niños pequeños sin experiencia en terreno de alta montaña ni para quien tenga problemas articulares en el descenso por el tramo pedregoso.
Ubicacion
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