Laguna del Arquillo, Masegoso (Albacete)
Una laguna con fondo cambiante, de blancos a azules según avanza el día, enclavada en plena Sierra de Alcaraz. Nenúfares, galápagos y pinturas rupestres en un rincón casi desconocido de Castilla-La Mancha.
De un vistazo
La Laguna del Arquillo es un monumento natural de 522 hectáreas situado en el término municipal de Masegoso, dentro de la Sierra de Alcaraz en Albacete. Su peculiaridad más llamativa es el color del agua: por la mañana tira a blanquecino y a medida que pasa el día vira hacia tonos azules, según la luz que incide sobre la lámina. Rodeada de praderas juncales y gramíneas en sus márgenes, la laguna alberga espigas de agua y nenúfares que cubren parte de la superficie y sirven de refugio a la Rana de San Antonio y al Galápago leproso, dos especies que conviven aquí con cierta facilidad. A varios kilómetros a la redonda, perdidas entre el paisaje, hay cuevas de adobe y piedra con pinturas rupestres que los habitantes de la zona conocen bien pero que apenas aparecen en los mapas turísticos. El agua tiene fama de ser de gran calidad, y la laguna está integrada en la Ruta de Don Quijote. Se accede por la carretera de Masegoso o pasando por Los Chospes. Un lugar tranquilo, poco masificado y con mucho más que ver de lo que su nombre indica.
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Cómo realizarla
Se puede llegar a la Laguna del Arquillo por dos vías: la carretera que sale desde Masegoso o pasando por el paraje de Los Chospes. Una vez en el entorno de la laguna, el recorrido es libre: no hay un sendero marcado como tal, pero los márgenes permiten rodear buena parte de la lámina de agua a pie. Nada más acercarse, lo primero que llama la atención es el olor a vegetación húmeda y el sonido de ranas. Siguiendo el borde, se van alternando zonas con juncos altos, praderas cortas y orillas donde los nenúfares cubren el agua casi por completo. Si se continúa hacia el extremo oeste, es posible localizar las cuevas de adobe y piedra que albergan pinturas rupestres, situadas a unos 40-50 metros del humedal. El color del agua cambia visiblemente entre la mañana y el mediodía, así que merece la pena quedarse un rato largo y observar el cambio. El paisaje de la Sierra de Alcaraz acompaña todo el contorno.
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Qué no te puedes perder
El cambio de color del agua a lo largo del día es el fenómeno más llamativo: de un blanquecino casi lechoso al amanecer a un azul claro al mediodía. Los nenúfares flotando sobre la superficie, especialmente en los meses de primavera, forman alfombras densas que merecen una foto. Las cuevas con pinturas rupestres, alejadas de cualquier núcleo habitado, son un hallazgo inesperado en este entorno; hay que buscarlas con calma porque no están señalizadas. Y si hay suerte con la luz y el silencio, es posible ver al Galápago leproso tomando el sol en las orillas.
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Qué llevar y tener en cuenta
Calzado cómodo o de trekking ligero, ya que los márgenes pueden estar encharcados. Llevar agua y algo de comida si se va a pasar la mañana entera. El entorno está alejado de servicios, así que conviene ir con el móvil cargado y algo de abrigo extra en temporadas de cambio.
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Cuándo ir
La primavera es el momento cumbre: los nenúfares están en flor, la fauna es más activa y el agua lleva buen nivel. En verano la laguna puede menguar bastante y el calor en la Sierra de Alcaraz aprieta; mejor evitar las horas centrales del día si se va en julio o agosto.
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¿Para quién es?
Ideal para familias con niños curiosos, amantes de la naturaleza y personas mayores que buscan un entorno tranquilo sin grandes exigencias físicas. No está pensada para quien busca actividad intensa; aquí el ritmo es contemplativo.
Ubicacion
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