Senderismo por las Barrancas de Castrejón y Calaña, Toledo
Acantilados rojizos de más de 120 metros sobre el Tajo, gargantas excavadas durante millones de años y águilas sobrevolando las cárcavas. Un paisaje que no parece de interior.
De un vistazo
Las Barrancas de Castrejón y Calaña, conocidas también como Barrancas de Burujón, son una de esas formaciones geológicas que resultan difíciles de creer cuando las ves por primera vez. El río Tajo ha ido excavando durante siglos unos escarpes de materiales terciarios que hoy muestran tonalidades rojizas y ocres sobre el agua, con desfiladeros estrechos e interfluvios afilados que recuerdan a paisajes casi desérticos. La ruta discurre entre los municipios de Burujón, Albarreal de Tajo y La Puebla de Montalbán, por senderos que van bordeando el borde del escarpe y permiten asomarse al Tajo desde una altura considerable. Durante el recorrido es habitual avistar el águila-azor perdicera, el búho real o el milano real, que nidifican en las paredes rocosas. Declarado Monumento Natural en 2010 y protegido dentro de la Red Natura 2000, el paraje es visitable todo el año, aunque conviene ir entre semana o en temporadas bajas para evitar la masificación que se ha producido desde que ganó popularidad mediática. Calzado con suela resistente y agua suficiente son imprescindibles; los caminos del borde del escarpe no tienen protecciones.
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Cómo realizarla
El punto de partida más habitual es el aparcamiento junto al mirador de Burujón, accesible por la CM-4009. Desde allí, el sendero sigue el borde del escarpe hacia el sur, con vistas directas al embalse de Castrejón y al cauce del Tajo. En los primeros kilómetros se atraviesan zonas de matorral bajo con taray y efedra antes de llegar a los miradores más verticales, donde el terreno cae en picado más de cien metros hasta el río. El recorrido continúa bordeando las cárcavas principales, con tramos donde el camino se estrecha entre dos paredes de tierra rojiza que casi se tocan por arriba. Al llegar al área conocida como Calaña el paisaje se abre y se puede ver el Tajo serpenteando entre los acantilados desde una perspectiva más amplia. El regreso se hace por el mismo camino o por una variante más baja que pasa cerca de la orilla, según el estado del sendero. El desnivel total no es elevado, pero hay puntos con terreno suelto que requieren atención.
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Qué no te puedes perder
El mirador principal de Burujón, donde el escarpe rojo cae directamente sobre el agua verde del Tajo, es el momento que todo el mundo fotografía y que merece la pena esperar en silencio unos minutos. Las gargantas más estrechas del interior del paraje, con interfluvios afilados como cuchillas, dan una sensación de escala y profundidad que sorprende en un paisaje de meseta. Si se va al amanecer o al atardecer, las probabilidades de ver el águila-azor perdicera planeando sobre las paredes rocosas aumentan considerablemente: es un animal que nidifica aquí y que se deja ver con cierta frecuencia. Los reflejos de los acantilados rojizos sobre el embalse de Castrejón en días de calma crean imágenes casi irreales. Y en primavera, los abejarucos llenan el aire de color y sonido en los taludes de tierra.
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Qué llevar y tener en cuenta
Calzado con suela de agarre firme, porque los bordes del escarpe tienen tierra suelta y en días de lluvia el terreno se vuelve resbaladizo. Llevar al menos 1,5 litros de agua por persona; no hay fuentes en el recorrido. Hay tramos sin vallado junto al borde del acantilado, así que conviene no acercarse demasiado al borde y extremar la precaución con niños pequeños.
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Cuándo ir
La primavera y el otoño son las mejores épocas: temperaturas agradables, luz cálida sobre los acantilados rojizos y mayor actividad de la fauna. En verano el calor en la meseta puede ser extremo y la ausencia de sombra hace el recorrido duro; mejor evitar los meses de julio y agosto o ir muy temprano.
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¿Para quién es?
Ideal para personas con algo de forma física y curiosidad por la geología y las aves; no es una ruta exigente, pero el terreno irregular y los bordes sin protección la hacen poco recomendable para niños muy pequeños o personas con vértigo pronunciado. Los aficionados a la observación de rapaces van a disfrutar especialmente.
Ubicacion
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