Parque Natural Marjal de Pego-Oliva, Pego (Alicante)
Un humedal donde el carrizal se funde con el agua y el arroz crece entre acequias centenarias. Uno de los refugios de aves más valiosos del Mediterráneo, con especies tan raras como el calamón o la cerceta pardilla.
De un vistazo
El Marjal de Pego-Oliva es uno de esos rincones que sorprenden por lo mucho que esconden en poco más de 1.200 hectáreas. Lo que fue una antigua bahía y luego una albufera es hoy un mosaico de carrizales, charcas de agua limpia, acequias históricas y arrozales activos que se extienden entre los municipios de Pego y Oliva, en la frontera entre Alicante y Valencia. El parque fue declarado zona Ramsar, lo que da idea de su importancia ornitológica: aquí nidifican el avetorillo, la garza imperial, el fumarel cariblanco y el calamón, una especie que estuvo extinguida en la Comunitat Valenciana. Bajo el agua también hay vida singular: el samarugo, un pez endémico en peligro, sobrevive en los canales del marjal junto a gambetes y petxinots. Al norte discurre el río Serpis, que durante siglos fue depositando los sedimentos que dieron forma al parque. El acceso principal se hace desde la N-332, y la carretera CV-670 atraviesa el paraje camino de las playas de Oliva. Cerca, la Fuente Salada añade un curioso detalle: un manantial termal con fama de propiedades beneficiosas para la piel.
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Cómo realizarla
El punto de partida habitual es la zona de aparcamiento junto a la carretera CV-670, que atraviesa el parque de este a oeste camino de las playas de Oliva. Desde aquí parten los senderos que se adentran entre los carrizales, siguiendo el trazado de antiguas acequias árabes. El recorrido más habitual bordea las charcas de agua limpia donde es fácil ver aves acuáticas posadas o en vuelo. Más adelante, los arrozales en cultivo rodean el camino con un paisaje de horizonte abierto muy diferente al de la vegetación densa del interior. El río Bullent nace dentro del propio parque y puede seguirse a pie por su margen norte. Hacia el sur, el Racons (o Molinell), canalizado históricamente, marca el límite del paraje. El recorrido termina de forma natural volviendo al punto de inicio, aunque también es posible llegar hasta las proximidades de la Fuente Salada si se dispone de más tiempo.
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Qué no te puedes perder
Las charcas interiores son el lugar donde concentrarse: con paciencia y prismáticos se pueden ver el calamón —de un azul intenso imposible de confundir— y la cigüeñuela de patas rojas. Los arrozales en verano tienen algo hipnótico, con el verde compacto reflejándose en el agua entre las hileras. La Fuente Salada, justo fuera del límite del parque, es un manantial termal poco conocido que merece una parada. En los canales con mayor calidad de agua es posible localizar al samarugo, un pez diminuto y endémico que aquí encuentra uno de sus últimos refugios en el mundo.
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Qué llevar y tener en cuenta
Calzado cómodo y cerrado, porque algunos tramos junto a las acequias pueden estar embarrados. Repelente de insectos en primavera y verano, especialmente al atardecer. Llevar agua propia, ya que no hay puntos de avituallamiento dentro del parque.
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Cuándo ir
La mejor época para la observación de aves es primavera y otoño, cuando coinciden especies nidificantes y migratorias. El verano es caluroso y los mosquitos pueden ser molestos, aunque los arrozales están en su momento más fotogénico.
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¿Para quién es?
Ideal para familias con niños curiosos, personas mayores y cualquiera con interés por la naturaleza y las aves. No requiere condición física especial, aunque quienes busquen senderismo exigente encontrarán el terreno demasiado llano.
Enlaces de interés
Ubicacion
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