Laguna de Pitillas, Navarra — Reserva Natural y Humedal Ramsar
El humedal más extenso de Navarra esconde una de las mejores zonas de observación de aves del valle del Ebro. Un lugar donde el avetoro sigue teniendo colonia estable y las migraciones convierten el cañizal en un espectáculo.
De un vistazo
La Laguna de Pitillas se extiende sobre unas 300 hectáreas entre los municipios de Pitillas y Santacara, a apenas 3 km del pueblo, y su origen endorreico —sin desagüe natural— la convierte en un ecosistema singular dentro de la estepa navarra. Las aguas que la alimentan bajan de la sierra de Ujué, y rara vez superan los 2 metros de profundidad, lo que favorece una vegetación de cañizal y juncos que cubre gran parte de la superficie libre. Ese entramado vegetal es el hogar de una de las pocas colonias estables de avetoro que quedan en la Península Ibérica, junto a carriceros, fochas, patos de múltiples especies y numerosas aves migratorias que hacen aquí su parada técnica entre Europa y África. La reserva cuenta con un observatorio de aves donde guías ornitólogos acompañan la visita, algo especialmente valioso en época de cría para no interferir con las poblaciones. Declarada Humedal Ramsar en 1997 y ZEPA desde 1990, es una parada imprescindible para quien quiera ver la Navarra más salvaje sin necesidad de adentrarse en el Pirineo.
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Cómo realizarla
Desde Pitillas se toma la carretera N-121 en dirección a Santacara. A unos 3 km del pueblo hay una pista señalizada que lleva directamente al aparcamiento y al observatorio de aves. El recorrido habitual consiste en acercarse al observatorio, donde los paneles y la orientación del edificio permiten escrutar el cañizal sin disturbar a las aves. Desde allí se puede continuar por el sendero perimetral que rodea parcialmente la laguna, pasando por zonas de sosa y salicornia en las orillas más salinas, y por tarumares —tamariscos— que dan algo de sombra en verano. El camino es llano en todo momento, sobre tierra compactada o grava, y permite acercarse a distintas perspectivas de la lámina de agua. Si el nivel de la laguna es alto, en invierno o primavera, la superficie abierta puede estar cubierta de patos y fochas a simple vista.
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Qué no te puedes perder
El observatorio de aves es el punto central: con prismáticos o telescopio se puede ver el avetoro asomarse entre los carrizos, algo que en pocos lugares de España es posible. En época de migración —especialmente marzo-abril y septiembre-octubre— la laguna recibe miles de aves limícolas y anátidas que la convierten en un hervidero. La vegetación de orilla también merece atención: la salicornia, roja en otoño, y la sosa crean una paleta de colores que contrasta con el agua y el cañizal. La sierra de Ujué al fondo, con su pueblo medieval coronando el cerro, enmarca la panorámica y merece una visita combinada.
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Qué llevar y tener en cuenta
Calzado cómodo y ropa de abrigo en invierno, ya que el viento en la estepa navarra puede ser intenso. Imprescindible llevar prismáticos para aprovechar la visita. En época de cría (abril-junio) es importante respetar el recorrido marcado y no abandonar los senderos para no alterar los nidos.
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Cuándo ir
El otoño y la primavera son las épocas de mayor actividad por las migraciones, pero el invierno también resulta muy interesante con grandes concentraciones de ánades y fochas. El verano es la época más tranquila en cuanto a variedad de aves y más calurosa en la estepa.
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¿Para quién es?
Ideal para aficionados a la ornitología de cualquier nivel, familias con niños y personas mayores, ya que el recorrido es completamente llano y accesible. Quien busque senderismo de montaña o actividad física intensa encontrará esto demasiado tranquilo.
Ubicacion
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