En el Campo de Gómara, cerca de La Quiñonería y con el Moncayo al fondo, Peñalcázar es una gran montaña caliza de cima plana, a más de 1.200 metros de altitud. La propia roca hace de muralla, y encima queda un pueblo-fortaleza despoblado al que no se puede subir en coche: solo a pie, a caballo o en burro.
Qué queda arriba. Se conservan dos lienzos de la muralla que rodeaba la población y restos del alcázar y de las puertas de acceso, con cuyas piedras se levantó parte del caserío. Entre las ruinas se identifican construcciones celtíberas, romanas y árabes.
Una historia muy larga. Fue ciudad celtíbera y después romana, conocida como Centóbriga. Con la dominación árabe fue plaza fuerte y, según el Cantar de mio Cid, pagó parias al Cid junto con Ateca y Terrer. El conde de Castilla García Fernández la conquistó en 974, y siglos después, en la frontera con Aragón, sufrió la Guerra de los Dos Pedros. En 1842 aún contaba 266 vecinos. El pueblo se abandonó en la década de 1960, porque solo se llegaba a pie y no había agua, y en 1979 su municipio se integró en el de La Quiñonería.
Las minas. La montaña guarda una mina abandonada de galena argentífera y varias cuevas con restos de antiguos asentamientos. A unos 3 km al sur del pueblo están las minas de Peñalcázar, de las que se sacaba plomo y plata. Su explotación documentada va de 1845 a 1877, y llegaron a tener un poblado minero propio.





